La República romana, extandiendo sus alas, se enfrentó al poderoso imperio cartaginés por el dominio del Mediterráneo y el norte de África. Frente a la fuerza mercenaria políglota de Cartago, encabezada por el gran Aníbal Barca, Roma recurrió a Publio Cornelio Escipión para que liderara sus ejércitos, una maniobra que dio como resultado la victoria y el preludio de la expansión romana hasta convertirse en uno de los mayores imperios de la historia.
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